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¿Cómo lo demostró Henry Ford?

Soy firme creyente que esta actitud de aprender de los demás se la debemos transmitir a nuestros hij@s y alumn@s. El aprender de los demás es una herramienta con un grandísimo poder que prácticamente está al alcance de todos.

En numerosas ocasiones hemos oído decir que siempre se aprende algo de los demás, ya sea bueno o malo, sin embargo, siempre no lo ponemos en práctica. Tras un seminario de desarrollo personal, aún recuerdo una de las historias que fue la que me inspiró a aprender de los demás.

Cuando Henry Ford empezó a desarrollar su imperio, muchos lo juzgaban y creían que su éxito no llegaría muy lejos, pero el desenlace no fue así. El señor Ford empezó a crecer gracias a su perseverancia por impulsar el automóvil para que los ciudadanos americanos de clase media también pudiera adquirir su coche. Y gracias a ello, pasó de ser un empresario medio del sector del automóvil a ser el fabricante de automóviles más grande de los Estados Unidos.

Cuando alguien tiene éxito, la mayor parte de esta “magnífica” sociedad donde vivimos se pregunta cómo lo consiguió, aflorando sentimientos de envidia y celos. Y no fue un caso aislado el de Henry Ford.

Aparecieron una serie de académicos y pensadores de la época que empezaron a criticar al señor Ford porque no tenía ningún título ni certificado que acreditara unos estudios básicos. Ellos se basaban en la teoría de que un empresario de éxito debía saber y tener noción de conceptos básicos y específicos de cada una de las áreas que envolvía el mundo empresarial y cultural. Creían que con el tiempo su éxito se desvanecería. A través de los medios de comunicación estuvieron varios meses haciendo declaraciones y comentarios odiosos, hasta que un día el señor Ford decidió darles una lección.

Citó en su despacho a todos aquellos críticos que habían puesto en duda su capacidad de éxito y cultura general. Una vez reunidos les propuso que les daba dos horas para que elaborasen 10 preguntas que ellos consideraban esenciales dentro del mundo empresarial y cultural, y que una vez elaboradas, el propio Henry Ford las contestaría una a una. Sin más, los académicos se pusieron manos a la obra y elaboraron esas 10 preguntas del tipo: ¿Qué banco internacional ha conseguido más ganancias durante los últimos 5 años? ¿Qué 10 países tienen previsto invertir en los Estados Unidos el año que viene? ¿Cuántos litros de agua caen por hora en las cataratas del Niágara? Etc.

Una vez transcurridas las dos horas, el señor Ford entró en el despacho donde estaban los académicos y se anotó cada una de las preguntas. Cogió su teléfono y empezó a llamar a trabajadores, empresarios, abogados, científicos y amigos para que le dieran las soluciones y respuestas de cada una de las preguntas. Los académicos no daban crédito a lo sucedido, ya que su teoría de que Henry Ford era un inculto se les estaba cumpliendo. Pero una vez terminó de responder a la última pregunta les dijo:

  • No necesito saber las respuestas a todas las preguntas relacionadas con este mundo en el que vivimos. Lo importante es consultar a quién sabe la solución.

Con la historia de Henry Ford no queremos fomentar que no se deba educar a una persona básica y profesionalmente, sino mostrar que todos podemos aprender algo de los demás y así tener la respuesta para cada uno de lo problemas que nos acontecen a diario. Las soluciones están en la sociedad, busquémoslas y aprovechémoslas. Y más aún en el momento en que vivimos, donde con un simple clic tenemos alcance a infinidad de información.

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