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Protege a tus hijos de las redes sociales

¿Qué hago si mi hijo me pide el móvil? ¿Qué le digo cuando me pida que le compre uno? ¿Con quién habla por Whatsapp? ¿Qué fotos cuelga en Instagram?

El uso que hacemos del móvil hoy en día era impensable hace 40 o 50 años. Por una parte, el simple hecho de poder comunicarse con una persona en tiempo real, sin importar la hora ni el lugar del mundo donde se encuentre, era propio de películas de ciencia ficción de la época.

Por otra parte, existe sobreinformación. Tenemos a nuestro alcance infinidad de información sobre cualquier temática que se nos ocurra. El problema vendrá en saber buscarla y seleccionarla para que sea veraz y útil. Y por último, la cantidad de herramientas que nos ofrece cualquier dispositivo móvil al estar conectados a la Red es innumerable.

Mi primer teléfono móvil me lo compré a los 21 años. En mi casa teníamos teléfono fijo desde hacía pocos años. Recuerdo que de niño subíamos a casa de mi tío a llamar en caso de necesidad o a recibir alguna llamada urgente. En la época en que me compré el teléfono móvil, allá por el 2000, mis amigos ya empezaban a tenerlo, así que con la excusa de estudiar fuera y de que mis amigos ya lo tenían me decidí por un “Alcatel One touch easy”. La verdad que estaba bien eso de poder llamar en cualquier momento y poder enviar sms, pero sin abusar, claro, ya que te cobraban cada mensaje.

Hoy en día, disponemos de aplicaciones para realizar casi cualquier actividad que queramos. Podemos descargar aplicaciones para registrar nuestra actividad deportiva, para controlar nuestra salud, para jugar, para invertir en bolsa, para gestionar nuestras cuentas, para controlar los electrodomésticos de nuestra casa o incluso para conocer gente. Todo esto sin contar con las aplicaciones propias de todas las páginas web.

Sin duda vivimos en una época de Revolución Digital donde la música, la televisión, los viajes, las noticias… están producidas para su consumo inmediato (producir para consumir). Una producción que no solo se encuentra en grandes cadenas o en grupos mediáticos, sino que a nivel personal ya está ocurriendo. Producimos para compartir, para que nuestros seguidores les guste y así conseguir un “like”, un “me gusta” o un “retuit”. Ahora la consecuencia de nuestras producciones (fotos y vídeos) son los seguidores.

Grabamos con nuestro teléfono parte o todo el concierto al que asistimos o fotografiamos todo un viaje, no para hacernos un álbum en papel como se solía hacer antes, sino para compartirlo y que nuestros seguidores vean que bonito es el sitio donde estamos o lo bien que nos lo estamos pasando. Pero lo más triste, es que no somos conscientes que estamos interrumpiendo ese momento tan especial porque lo tenemos que fotografiar o grabar, lo tenemos que documentar. Producimos y compartimos para tener el mayor número de seguidores o “amigos”.

“Todos quieren ver, ya nadie quiere sentir.”

Carlos E. Lang

Hablando de documentar todo aquello que nos ocurre, es curioso que los usuarios de las redes sociales comparten solo momentos maravillosos, situaciones agradables, fiestas, amigos y amigas… Pocos usuarios comparten momentos duros, desgracias, penas… ¿Por qué motivo? Primero, porque tendemos a enseñar al resto de usuarios que nuestra vida es ideal y, segundo, porque sin duda, la felicidad es más contagiosa que la tristeza.

Como todas las cosas, el uso de las redes sociales tiene cosas buenas y cosa malas. Su uso es básico, sencillo y gratuito. Nos permite comunicarnos con la gente que conocemos, establecer nuevas conexiones, encontrar información y autopromocionarse. Pero también tenemos que tener en cuenta la apariencia (una vida de colores), el tiempo invertido (entre 2 y 3 horas al día), la sobreinformación, la falsa información, la privacidad (cuida tu huella digital) y la aparición de obsesiones, adicciones y lesiones.

Como padres y madres no es raro plantearse una serie de preguntas que muchas veces ya nos hemos planteado junto con otros adultos en la misma situación. ¿Qué hago si mi hijo me pide el móvil? ¿Qué le digo cuando me pide que le compre uno? ¿Con quién habla por Whatsapp? ¿Qué fotos cuelga en Instagram?

A partir de todo esto no nos queda otra opción que REEDUCARNOS en el uso de las redes sociales para poder educar a nuestros hij@s. Se trataría de tener presente 5 puntos clave para poder llevar a cabo este buen uso.

  • Hablar entre nosotros.
  • No utilizar el medio por aburrimiento.
  • Tomarse un descanso de vez en cuando.
  • Supervisar a los menores (contrato o normas).
  • Dar sentido común y autocontrol.

Janell Burley Hofmann es una escritora americana que elaboró un contrato para el uso adecuado del teléfono móvil que quería Gregory, uno de sus cinco hijos. Gregory llevaba casi un año diciéndoles a sus padres que le compraran un Iphone. Al final, se le regalaron por Navidad pero teniendo en cuenta que un teléfono conectado a Internet es una herramienta que se tiene que usar con responsabilidad para evitar riesgos y peligros. Janell elaboró un contrato con 18 reglas que Gregory tenía que cumplir.

Este contrato se hizo viral y es utilizado por muchas familias que piensan como Janell. No hace falta seguir al pie de la letra esos puntos. Vosotros mismos podéis negociar con vuestro hijo o vuestra hija las condiciones sobre el uso de su primer teléfono móvil. Lo importante es enseñarle que lo que tiene en las manos no es un juguete.

Recuerda que estos aprendizajes de vida son para que mejores y crezcas como persona. Pero no olvides el valor de transmitirlo a tus hij@s porque son las personas que más te importan y debes prepararlas, ya no para el futuro, sino para el presente.

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