En estos últimos años se viene hablando de un concepto que considero que va a ser la clave a la hora de educarse en cualquier ámbito, la Inteligencia Emocional. Concepto que si lo analizamos es fácil de entender, ya que consiste básicamente en desarrollar la inteligencia para aprender a través de las emociones. Pero, ¿igual de sencillo es entenderlo que llevarlo a la práctica? Pienso que no y ahora os explicaré el por qué.

No cabe duda de la importancia de la inteligencia emocional para el desarrollo de la personalidad, así como la importancia de desarrollar la capacidad de comprender las emociones. Pero, ¿qué significan para la mayoría de las personas las emociones? Y aún más importante, ¿cómo se sienten las personas cuando se emocionan? ¿Saben controlarlas?

Es por ello que considero de vital importancia que antes de adentrarse en la inteligencia emocional lo que deberíamos conocer es el significado de las emociones y, al mismo tiempo, aprender a equilibrarnos.

Estoy seguro que cada uno de los humanos podríamos enumerar decenas de emociones. Pero tras un largo periodo de reflexiones, llegué a la conclusión que son diez las emociones que deberíamos controlar para vivir en equilibrio. Diez pilares fundamentales para alcanzar el deseado equilibrio emocional. No quiero decir que una emoción sea más importante que otra, sino que debemos encontrar el equilibrio entre todas ellas.

Esta teoría sobre el equilibrio emocional que propongo se basa en cinco emociones “positivas” (amor, empatía, placer, curiosidad y alegría), y en otras cinco “negativas” (tristeza, miedo, vergüenza, envidia, enfado). El objetivo a conseguir es saber dominarlas para mantener nuestro equilibrio emocional.

¿Y cómo me equilibro emocionalmente? Os propongo 7 actividades a llevar a cabo, ya sea con vuestros [email protected] o vuestro alumnado. ¿Y qué pasará si llevo a cabo estas actividades? Se equilibrarán las emociones que tengas desequilibradas. Por ejemplo, si estás triste la actividad te proporcionará alegría; si estás enfadado, la actividad te proporcionará empatía; si el miedo es la emoción desequilibrada, la actividad te proporcionará curiosidad.

No se trata de hacer todas a la vez ni tampoco durante un largo periodo de tiempo. Lo ideal es adaptarlas a tu ritmo y estilo de vida. ¿Quieres saber cuáles son estas actividades?

  1. Desarrollar relaciones.

Puedes proponerle a tu [email protected] o [email protected] que a partir de hoy vais a conocer a alguien en profundidad (su nombre completo, si tiene hermanos, cuáles son sus hobbies, etc). Por ejemplo, el padre en el gimnasio y el hijo en las clases extraescolares de inglés.

  1. Crea nuevos retos.

El motivo es simple. Los retos son el mejor antídoto para activar a la persona. Busca y elige junto a tu [email protected] o [email protected] un reto para hacer juntos o por separado. Por ejemplo, marcad el reto de leer cada noche durante 15 minutos y después contaos lo que acabáis de leer. Los retos pueden ser propuestos tanto por el adulto como por el joven.

  1. Empieza un hobbie.

Puedes ser tú como padre/madre o docente proponer algo nuevo a tus [email protected] o [email protected], como por ejemplo montar un puzzle entre toda la familia o coleccionar cromos entre toda la clase. Lancemos propuestas y decidamos, cualquier ámbito o actividad puede ser válida. Ten en cuenta que este hobbie no tiene que ser para siempre, simplemente es probar nuevas actividades durante cierto tiempo.

  1. Conquista un miedo.

Todos tenemos algún miedo o respeto hacia algo. El miedo es una emoción que cumple un papel fundamental: la supervivencia. Pero seamos valientes, hablemos de ello y vayamos a conquistarlo. Si un padre tiene miedo a las alturas y su hija a las palomas, podrían conquistar sus miedos juntos. La hija puede acompañar a su padre a la terraza del hotel más alto de la ciudad y el padre puede acompañar a su hija a dar de comer a las palomas del parque.

  1. Cambia tu look.

No estamos hablando de cambiar tu peinado, estilo de vestir, música o hobbies de forma radical, sino de ir probando cosas nuevas. Por ejemplo: si eres de los que se afeitan todos los días, déjate la barba una semana; si eres de las que siempre van con pantalón a la oficina, vístete un día con falda. Seguro que sorprendes a las personas que están a tu alrededor provocando en ellas curiosidad, empatía y alegría.

  1. Actúa fuera de tu zona de confort.

Esta actividad es esencial. Elimina de tu vocabulario la palabra seguridad, esto nos bloquea y nos hace ser presos de la comodidad. Realiza actividades donde te sientas incómodo y actúes en busca de la libertad, y no de seguridad. Plantea actividades en casa o en el colegio del tipo:

  • Cuenta historias delante de los demás aunque no te guste hablar en público.
  • Haz un curso de informática aunque pienses que “no es lo tuyo”.
  • Prepara la cena con una nueva receta aunque no tengas ni idea de cocinar.
  1. Busca otro trabajo o estudio.

Esta actividad es fundamental en el momento social en el que vivimos. Tener sólo un ingreso es un suicidio económico que conlleva a una inestabilidad financiera, al igual que estar especializado profesionalmente en un solo ámbito. Así que podemos plantearnos la posibilidad de buscar otro trabajo o estudio que nos atraiga sin dejar el que ya tenemos, como ya lo hacen en otros países. Por ejemplo:

  • Si por las mañanas trabajas en un banco, por las tardes puedes cultivar verduras en tu pequeño huerto.
  • Si durante la semana trabajas en el colegio, los fines de semana te puedes dedicar al social marketing.

¿Quieres empezar a equilíbrate emocionalmente? Aquí tienes cómo hacerlo. Estas actividades han sido probadas por personas de todas las edades y los resultados emocionales a corto plazo han sido más que satisfactorios. Lógicamente, como ya he mencionado, no hay que hacer todas las actividades a la vez, basta con ir cambiando cada quince días. No obstante, el planteamiento de estas actividades es un modelo a seguir, puedes variarlo y adecuarlo a tus necesidades y ritmo de vida. Lo importante ya lo sabes.