¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbies, sino también con tu profesión?

Todos y cada uno de nosotros sabemos que somos únicos. Pero la mayoría pasamos por desapercibido que también tenemos un talento único.

Debido a lo que nos está aconteciendo en las últimas décadas en materia de educación, no lo definiríamos como una crisis, sino más bien como una globalización determinada por 9 factores. ¿Os propongo un trato para hacer frente a esta globalización social? A partir de hoy vamos a adquirir una noción que nunca nos hemos parado a pensar. Todos y cada uno de nosotros tenemos un talento, que además de ser único, nos hace ser grandes, excelentes y distinguidos.

Pero aquí viene la cuestión clave, ¿estimulamos a nuestros hij@s y alumn@s a que se pregunten qué piensan de ellos mismos? ¿Saben ellos en qué son buenos? Y lo más importante, ¿en qué son felices? ¿O preferimos simplemente ser aprobados por la sociedad donde vivimos? Tenemos que ser conscientes de ello y elegir: o nos centramos en vivir de acuerdo en qué pensarán los demás de nosotros, o comenzamos el camino de la búsqueda de nuestro talento y felicidad.

Si queremos que nuestros hij@s y alumn@s encuentren su talento innato, tenemos que eliminar el único obstáculo existente para la propia grandeza de un niño, que no es otro que el temor a ser distinto.

Existen varias técnicas para encontrar el talento de un niño. Una de las más importantes a seguir es que los niños tienen que experimentar todo lo que esté a su alcance, ya sea a nivel deportivo, en el ámbito alimenticio o en las amistades y relaciones que tienen a diario. Dejemos que practiquen todos los deportes que ellos deseen, y así experimentar diferentes sensaciones, normas y valores. Dejemos que prueben sabores exquisitos que ofrece la vida. Dejemos que sean ellos mismos los que decidan si esa relación les aporta algo o no. Todo ello, sin dejar de orientarlos por ser sus padres, madres o tutores.

En ocasiones hay padres que les dicen a sus hijos que no se relacionen con un compañero en concreto, o padres que asisten a una tutoría y plantean la opción de cambiar de sitio a su hij@ porque no quieren que esté sentado al lado de otro alumn@. En muchos de estos casos son los propios padres los que tienen algún problema entre ellos y lo focalizan con sus hijos. Nos olvidamos que se trata de niños, que en un aula pocas veces hay maldad entre ellos y que pese a todo, pueden aprender unos de otros. ¿Quiénes somos nosotros para prohibir una amistad o una relación?

La idea es animar a que los niños experimenten todo lo que puedan porque es clave para encontrar su talento. Aunque el talento no se encuentra por sí solo, hay que complementar dicha experiencia. Es esencial que durante el proceso en que tu hij@ y alumn@ esté buscando su talento, ir haciéndole las preguntas mágicas en cada una de las situaciones que experimentan: ¿Esto que estás haciendo te hace feliz? ¿Por qué te gusta? ¿Disfrutas cuando lo haces? Así de fácil. Cuando una persona hace algo que le gusta y al mismo tiempo es feliz sin importarle el día de la semana o la hora en que está realizando esa actividad, está encaminado a descubrir su talento. Sin olvidar, que cuando detectemos que nuestro hij@ o alumn@ está disfrutando, es el momento de transmitirle que nos encanta verle feliz, multiplicando por diez su entusiasmo por esa actividad.

Para darnos cuenta de nuestros talentos, a medida que vamos experimentando en el transcurso de nuestras vidas, debemos saber en qué somos muy buenos. No vale decir soy simpático, juego bien al fútbol o pinto cuadros que les gustan a mi familia. Debemos ser críticos con nosotros mismos sabiendo cuáles son nuestras habilidades, hobbies, intereses y metas, al igual que nuestras limitaciones. Cuando lo consigamos seremos capaces de poder transmitirlo a nuestros hij@s y alumn@s.

¿Cómo? Un día uno de mis mentores me dio un consejo:

¿Quieres encontrar tu talento? Sólo hay una forma de encontrarlo. Enciérrate en tu habitación y detalla sobre papel todas y cada una de tus virtudes. No salgas de allí hasta que hayas llenado una hoja por delante y por detrás.

Tras una hora escribiendo en una hoja en blanco mis aptitudes y habilidades tenía que encontrar el punto donde se cruzaban dos flechas. Una flecha era la de mis talentos, es decir, qué cosas sabía hacer muy bien, al mismo tiempo que sentía pasión y felicidad cuando las llevaba a cabo. Así de fácil. La otra flecha era encontrar a quién podía servir con mis conocimientos actuales, con mi talento, y en concordancia con la sociedad con la que vivimos. Digo esto porque hay que tener clara una premisa: si somos talentosos en cualquier habilidad determinada y ese talento no lo ponemos al servicio de los demás, no estamos aprovechando nuestro talento. ¿Qué quiero decir con esto? Imaginad que el mejor futbolista no jugara en ningún equipo. Que el cantante que más discos ha vendido no hubiera grabado ninguna canción. Que el pintor más grande se hubiera dedicado a cocinar, en vez de reflejar su visión del mundo en sus cuadros.

Por lo tanto, tras analizar las dos flechas y encontrar el punto donde se cruzaban, ¡eureka! Había encontrado mi talento y, aún más importante, sabía a quién iba a servir.

Ahora bien, ¿qué hacer cuando ya has encontrado tu talento? Es decir, ¿qué hacer cuando disfrutas, te apasionas, gozas y sientes con lo que estás haciendo? Hay que volverse un genio en esa tarea. Como bien cita Sergio Fernández (emprendedor, conferenciante y formador), una de las mejores formas de conseguirlo es llevar a cabo la teoría de las 10.000 horas. Significa formarse, aprender, experimentar, aplicar, fallar y volver a empezar el ciclo durante 10.000 horas en un campo determinado. De este modo, sin darte cuenta, te vuelves un experto en tu talento, ya sea en dibujar, construir, escribir, transmitir, administrar o comercializar.

Una vez, un viejo me dio un consejo: “En esta vida lo único que tienes que hacer es levantarte y ser feliz”. Y le pregunté: “¿Y cómo hago eso?” A lo que recibí como respuesta: “Vibra con todo aquello que hagas”. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo importante que es en esta vida disfrutar de lo que haces. Es inverosímil que aún haya gente que detesta los lunes esperando que sea viernes porque no es feliz en lo que hace profesionalmente. ¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbies, sino también con tu profesión? La clave es sencilla, descubre tu talento y ponlo al servicio de los demás.