¿Son tus [email protected] y [email protected] disciplinados o tienen miedo a tu autoridad? En este artículo tienes la respuesta.

Por norma general nos sentimos orgullosos de nuestros [email protected] y [email protected] Ellos nos demuestran día a día lo disciplinados que son en diversas situaciones gracias a la educación que les hemos transmitido. Una educación que lleva implícita una disciplina. Pero no como en la academia militar, sino disciplina como respeto hacia los demás, hábitos para hacer las cosas, perseverancia, actitud positiva, etc.

Tengo que decir que siempre que mis compañeros docentes han entrado en algunas de mis clases me han dado la enhorabuena por la manera en que se comportan mis alumnos, y yo, lógicamente, me enorgullezco de ello.

Pero no fue hasta que leí un libro de Wayne Dyer (psicólogo y escritor estadounidense) titulado “La felicidad de nuestros hijos”, cuando me di cuenta que no estaba transmitiendo disciplina a mis alumnos, sino más bien lo que estaba fomentando en mi aula era autoridad.

Si nos fijamos bien, los niños crecen aprendiendo que disciplina es una palabra negativa: “Si no haces lo que te digo, voy a tener que castigarte”. “Lo que necesitas es más mano dura para que te portes bien”. “No te lo voy a decir más, o paras o no vamos al cine”. Es por este tipo de ejemplos, que los niños asocian la palabra disciplina con castigo.

Pero si nos formamos y aprendemos a transmitir el verdadero significado de disciplina, es decir, una disciplina interior, los más pequeños la pueden ver como algo positivo, incluso como algo divertido.

Desde las escuelas se habla de la necesidad de que los maestros deben transmitir una fuerte disciplina. Por lo general, igual que yo pensaba, los maestros podemos motivar a los alumnos para que se comporten como es debido mientras nosotros estemos dentro del aula, pero cuando el maestro autoritario se va de clase y entra otro maestro menos autoritario se suele “armar el caos”. Ahí fue donde me dí cuenta de que no estaba fomentando la disciplina sino más bien la autoridad.

Un auténtico maestro que transmite disciplina es aquel cuya ausencia en el aula provoca muy poca diferencia en el comportamiento de los alumnos. Ellos mantienen la compostura sin que importe que maestro esté en clase. Y al igual que pongo el ejemplo en la escuela, pasa lo mismo en los hogares. Algunos hijos se comportan de diferente manera dependiendo si están con su padre, con su madre o con los abuelos, sorprendiéndonos cuando nos dicen que han hecho esto o aquello. Es decir, los niños tienen la habilidad de cambiar su comportamiento según en presencia de quién estén. Lo más curioso es que a los adultos nos pasa lo mismo en ciertas ocasiones. Cuando aparece el jefe por la oficina nuestra productividad aumenta o el día que viene el inspector al colegio todo el claustro está pendiente de por dónde anda.

Esto es debido a que en algunas ocasiones nos equivocamos con el autoritarismo. Aunque la figura autoritaria es importante para mantener el orden dentro de un sistema jerárquico, no es imprescindible para que este mismo sistema funcione como es debido. El autoritarismo como una persona que decide y actúa sin tener en cuenta a los demás es agua pasada. No funciona, ni en casa, ni el colegio, ni en el instituto y ni en el trabajo. Ser autoritario no es eficaz.

Entonces, ¿qué es lo que estamos buscando para enseñarle a los más pequeños? Lo que buscamos es la autodisciplina, que es la que confiere la autoridad a quién tiene que llevar-dirigir el grupo. Para fomentar esta autodisciplina debemos introducir una explicación razonable para todo aquello que los más pequeños experimentan. Enseñemos a nuestros [email protected] y [email protected] a comprender lo que están aprendiendo y por qué se aplican una serie de reglas en diferentes situaciones de la vida cotidiana con 10 iniciativas básicas para fomentar la autodisciplina. De este modo, cuando necesiten la disciplina buscarán las pautas dentro de sí mismos y aceptarán nuestra autoridad.

Recordad algo, la disciplina impuesta por nuestro enfado, nuestra frustración, nuestro temor o el simple recurso de la fuerza sólo funciona en presencia del que la impone.

Tengamos en cuenta que la educación es un proceso, y como tal, lleva un tiempo conseguirlo. Recordemos que autoridad y disciplina pueden tener una fuerte conexión pero hemos de conseguir unir estos dos conceptos para lograr lo que verdaderamente necesitan los más pequeños, simplemente autodisciplina.