¿El sistema educativo debe estar estructurado? Sin ninguna duda creo que debe estarlo. Pero para adentrarnos un poco más en esta estructura tenemos que conocer cómo trabajar las inteligencias múltiples.

Inteligencias que a nivel personal creo que son de gran importancia en el proceso educativo de cada niñ@. ¿Se trabajan en el sistema educativo tradicional? Sí. Es más, muchos profesionales de la docencia programan a partir de ellas teniendo en cuenta inteligencias como la lingüística-verbal, la lógica-matemática, la corporal-kinestésica, la espacial, la musical, etc. Pero creo que en ciertos momentos nos olvidamos de dos de las más importantes: la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal.

¿Qué es la inteligencia interpersonal?

La inteligencia interpersonal es la que nos permite entender a los demás, siendo mucho más importante en nuestra vida diaria que la propia brillantez académica. ¿Y sabéis por qué? Porque esta inteligencia es la que determina la elección de la pareja, los amigos, la profesión, las aficiones, etc, y en gran medida, nuestro éxito en el trabajo o en el estudio. Pero, ¿en qué se basa exactamente? La inteligencia interpersonal se basa en el desarrollo de dos grandes tipos de capacidades: la empatía y la comunicación.

  • Hablemos de la empatía. Se trata del conjunto de capacidades que nos permiten reconocer y entender las emociones de los demás, sus motivaciones y las razones que explican su comportamiento. La empatía supone entrar en el mundo del otro, ver las cosas desde su punto de vista y sentir sus sentimientos. Sin embargo, la capacidad de ponerse en el lugar del otro no quiere decir que compartamos sus opiniones, ni que estemos de acuerdo con su manera de interpretar la realidad. Para poder entender al otro, tenemos que aprender a ponernos en su lugar y adquirir la habilidad de saber escuchar. Más tarde hablaré sobre ello.
  • ¿En qué consiste la capacidad de comunicarse? La comunicación es la capacidad que nos permite organizar grupos, negociar y establecer conexiones personales. Si nos paramos a pensar en lo que significa desarrollar y potenciar esta capacidad, ¿no creéis que estamos hablando de algo que vamos a necesitar toda nuestra vida? ¿Creéis que se fomenta lo suficiente en nuestro sistema educativo actual? Siendo sinceros, sabemos que no. ¿Creéis que los niñ@s de hoy en día saben comunicarse? Sería suficiente aprender y practicar una serie de consejos tanto en los hogares como en los colegios. ¿Qué consejos?
    • Aprende y practica un buen lenguaje corporal. Echa los hombros hacia atrás, no cruces los brazos y mantenlos abiertos cuando hables. Levanta la barbilla, mira a los ojos y sonríe. Acompaña tus frases con gestualidad. ¿Por qué aprenderlo? Porque lo vas a necesitar para tener una comunicación acorde con la sociedad en la que vivimos.
    • Escucha. Vivimos tan preocupados en dar una buena imagen, en dar un buen discurso y en tener una excelente conversación que nos olvidamos de escuchar. Y no me refiero a oír. De este modo nuestra comunicación se deteriora. Fíjate, ¡tenemos dos orejas y una boca! para escuchar más y hablar menos. Por la tanto, escucha y entiende bien qué te están contando, haz que la otra persona se sienta comprendida e importante. Te darás cuenta que tu respuesta será más adecuada y acertada si has escuchado primero.
    • No te quejes constantemente. Si lo haces, percibirás el mundo como un lugar agresivo, interpretarás la vida con un enfoque negativo y sufrirás más. Súmale a todo esto, que si vives en una queja constante, cansarás a los que te rodean, se agotarán de atenderte y terminaran por minimizar tus quejas y no tomarte en serio.
    • Pregunta si no entiendes lo que te están diciendo. La calidad de tu respuesta va a depender de saber qué se te está pidiendo. También asume que habrá veces que no sabrás la respuesta, como le pasaba a Henry Ford.
    • Reflexiona.  Cada vez que se lleve a cabo la comunicación se debe reflexionar sobre lo emitido, ya que que es esencial saber qué, cómo, para qué, cuándo, a quién se ha dicho algo y con qué intención. El motivo es que muchas veces hablamos sin saber que consecuencias pueden haber al comunicarnos.
    • Usa el YO y evita el TÚ. Si no has podido realizar el paso previo y continúas enfadado o triste, expresa tus sentimientos y hazlo expresándote con un YO: “me duele, me disgusta…” y evita usar el TÚ: “tú has hecho, tú has dicho…”.
    • Se concreto. Especifica qué te disgusta y describe la conducta. No uses etiquetas, adjetivos y, por supuesto, no insultes. En una discusión evita la ironía o el sarcasmo. Habla desde la honestidad y aprende el arte de la sinceridad. No es cuestión de agredir, sino de solucionar.
    • Haz cumplidos. Dile a la gente qué te gusta de ellos. Harás que se pongan contentos, conseguirás fluir en esa relación y además, aumentarán las probabilidades de que se repita aquello que te ha gustado.

Estos son algunos consejos útiles que puedes empezar a aplicar y, en consecuencia, enseñar a tus [email protected] o [email protected] para que adquieran su valor. Son sencillos, claros y eficaces. Juguemos con [email protected] a aprender a comunicarnos.

¿Qué es la inteligencia intrapersonal?

Esta inteligencia es conocida como  inteligencia emocional. En este caso su objetivo principal es conocer y controlar nuestras emociones y así poder llevar una vida satisfactoria. Sin sentir emociones es imposible tomar decisiones. Aunque evidentemente, para conocer y controlar nuestras emociones primero tenemos que reconocerlas, tenemos que sentirlas.

¿Se educa hoy en día emocionalmente? Una gran parte de docentes y familias están intrigadas e inquietas por este concepto y empiezan a formarse en este tipo de metodología. No obstante, creo que aún es pronto para que se vean los frutos. ¿Sabéis por qué? Porque somos los propios adultos los que queremos dar algo (educación emocional) sin conocer nuestras propias emociones. Tengamos presente algo muy importante: “para poder dar, primero hay que tener”.

Somos los docentes, madres y padres los que consumimos mucha energía tratando de distanciarnos de nuestras emociones, intentando no sentirlas, no pensar en ellas, no experimentarlas. Unas veces porque son desagradables o difíciles y otras porque no encajan con nuestra idea de lo que creemos que debemos sentir.

Estoy seguro que todos hemos tenido grandes sueños y grandes ilusiones que no hemos podido alcanzar, o por el contrario estamos en el proceso de conseguir aquello deseado. ¿Y por qué no? ¿Por qué no puedo ser, hacer y lograr aquello que deseo? ¿Me faltarán conocimientos, oportunidades, preparación o suerte? No, no van por ahí los tiros. El gran impedimento en  estos casos es la falta de poder, ese poder que nos proporciona un control de las emociones en cada uno de [email protected]: desilusión, miedo, culpa, tristeza, enfado, alegría, miedo, amor, etc.

Pero tengo una buena noticia para cada uno de [email protected] Las emociones se pueden controlar. Se puede tener el poder de las emociones y poder transformarlas para que nos permitan conocer nuestro interior. Es esto, ni más ni menos, lo que debemos transmitir a los más pequeños.

Son incontables las situaciones diarias en que sentimos emoción. Ese sentimiento tan difícil de describir que cada uno de nosotros le damos un significado diferente. Puede que sea cierta la teoría de que las emociones son fruto de un conjunto de pasiones, impresiones, huellas o efectos que se nos han impregnado en nuestra mente tras las diferentes experiencias que vamos viviendo día a día.

Lo que pretendo transmitir es que es esencial conseguir un equilibrio emocional por parte de los educadores antes de educar emocionalmente. Los docentes y familias tenemos en nuestras manos la posibilidad de contrarrestar esta realidad. Debemos ser capaces de encontrar qué es lo que aman nuestros [email protected] y [email protected], en que se divierten, buscarles el lado atractivo de los contenidos a trabajar, estimular sus inquietudes, preguntarles el por qué de todo lo que hacen y lo que no hacen, y hacerlos sentir como lo que son. ¡Desarrollamos las inteligencias múltiples!