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Modelo Educativo con Perspectiva de Futuro

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Comparar sistemas educativos de diferentes países es un error. Si realmente queremos adoptar un sistema propio con perspectiva de futuro, dicho sistema debe tener tres características esenciales. ¿Quieres conocerlas?

Desde hace unos años, el debate sobre qué modelo educativo es más beneficioso o productivo para una sociedad está en auge. Tras las diferentes opiniones que se plantean basadas en famosos informes, siempre se tiende a lo mismo, a compararnos con sistemas educativos de otros países como Finlandia, Noruega o Alemania.

Esta comparación es un error. Primero, porque es inútil comparar sistemas educativos sin tener en cuenta la cultura, la forma de vida, la climatología, etc. Se pueden coger ideas de estos, pero es incoherente copiarlos a otros países. Y en segundo lugar, se pasa por alto encontrar cuáles son los principios esenciales que necesita todo modelo socio-educativo.

Uno de ellos, es que todo sistema socio-educativo debe tener “una esencia” que transforme a las personas y las haga creer en sí mismas. Es decir, que les permita tomar el control de su futuro. Y es por ello, que si queremos adoptar un sistema con perspectiva de futuro, dicho sistema debe tener tres características esenciales: continuidad, coherencia y humanidad.

  1. Continuidad. Tanto los alumn@s como los propios adultos estamos muy equivocados al creernos que cuando terminamos una carrera universitaria y encontramos un trabajo, ya no nos tenemos que seguir formando más en nuestras vidas. Y por creernos esto, olvidamos formarnos en nuestro talento, en salud, en bienestar, en valores, en educación financiera, etc. Quizás este camino nos sirvió a nosotros, pero no les va a servir a la sociedad venidera. Abramos los ojos, cambiemos este enfoque. Vamos a fomentar desde las escuelas y hogares la formación constante durante toda la vida.

Si pensáis que las consecuencias de esto aún no han llegado, estáis equivocados. La población actual ya ha sufrido dichas consecuencias. Al tener esta mentalidad, la gente se queda estancada. Por ejemplo, un maestro que ha trabajado 20 años en el sector de la educación, podría seguir impartiendo clase de igual manera que el primer día que pisó un aula. No por pereza, sino porque piensa que el modelo tradicional es el método que debe seguir, considerándolo el mejor para tener éxito educativo. Aunque la realidad es que el mundo evoluciona a pasos de gigante. ¿Qué pasaría si un médico interviniera a sus pacientes del mismo modo que hace 20 años? Si no te formas, te quedas por el camino. Quizás me estoy centrando mucho en el tema profesional, pero pasa lo mismo en el tema personal, social y emocional. ¿Podemos darles a nuestros hij@s y alumn@s los mismos consejos que nos dieron nuestros padres y maestros hace 20 o 50 años?

Seguir formándose es una opción, no es obligatorio, por eso muchas personas piensan que no es importante. Yo lo respeto, pero no lo comparto, porque en juego está, nada más y ni nada menos, que el futuro de nuestros hij@s.

  1. Coherencia. Durante mi vida me he formado en diversos campos, tanto dentro del sistema educativo actual como de forma autodidacta. Ahora bien, la educación que recibí durante toda esta formación fue muy poco coherente y ahora os contaré el por qué.

De la etapa en el colegio recuerdo a todos los maestr@s. Por un lado recuerdo a unos por sus explicaciones y por su manera de enseñar, siendo estas sensacionales. Por otro lado, también recuerdo a otros por todo lo contrario, por lo incoherentes que eran. No dejéis de leer la historia de “El cazador de dragones“.

Una vez, un mentor en una de las etapas de mi vida, me enseñó el verdadero significado del concepto “clase”. No se refería a clase como aula, ni a ser chulo, guapetón o prepotente. Lo que él pretendía decirme era que tener “clase” significa que los niñ@s y alumn@s vean en ti buenos ejemplos de hábitos, valores, dominio en los contenidos, respeto hacía los demás, puntualidad, capacidad de comunicación, etc.

Y tengo que decir, que en eso me centré. Se me quedó grabada esa idea de tener “clase”, y a día de hoy sigo con esa filosofía de vida con todo lo que hago para no parecerme a esos maestros que me enseñaron sin “clase”.

  1. Humanidad. Debemos partir de la noción de que en este caso el alumn@ es lo más importante. No debemos tan sólo centrarnos en el contenido (leer, escribir, redactar, sintetizar o realizar operaciones matemáticas) sino también en el contexto, es decir, en la persona, en el estudiante, en el aprendiz. Nos referimos exactamente a centrarnos en filosofías de vida, pensamientos, convivencias, miedos, valores, dudas, actitudes, etc, porque generan en el alumnado confianza en sí mismo y en sus habilidades. Generan esperanza, valores intrínsecos y principios, ayudándoles a crecer como personas.

 

A modo de resumen queremos mostrar con esta tabla las diferencias que podemos encontrar entre el sistema educativo tradicional y el sistema educativo que demanda la sociedad actual.

SISTEMA TRADICIONALSISTEMA QUE DEMANDA LA SOCIEDAD
 – Se enfoca en la educación intelectual. – Se enfoca a las emociones, desarrollando el aprender a desear.
 – Nos animaliza porque no fomenta los sueños. – Se desarrolla el talento de cada uno de los niñ@s.
 – Modelo muy difícil de cambiar. No se adapta a las nuevas tendencias. – Humaniza a la sociedad para ser diversos y plurales pero teniendo el respeto como base.
 – Se enfoca en alumn@s comunes y olvida que cada uno de nosotros somos totalmente diferentes y únicos. – Desarrollan las habilidades de cada alumn@ para convertirlas en sus potencialidades.
 – Fomenta el individualismo sin premiar el trabajo en equipo. – Fomenta la confianza y la ayuda entre el alumnado ya que se aprende de los errores.
 – Su objetivo es que el alumnado estudie una carrera universitaria. – Su objetivo es que alumn@ sea profesional y feliz en lo que haga.