¿Fomentamos responsabilidad o irresponsabilidad?

Como buenos padres o madres que queremos llegar a ser, vamos en busca de la deseada responsabilidad de nuestros hij@s y alumn@s. Todos deseamos que a medida que van creciendo, vayan adquiriendo esa capacidad de ser responsables.

Pero claro, ¿qué es ser responsable para un niño? Para un niño llegar a ser responsable, en las diferentes situaciones y circunstancias de sus vidas, conlleva un proceso. Desde pequeños, empezamos dándoles pequeñas responsabilidades, como pedir “pipi” cuando empezamos a quitarles el pañal, cuidar de los hermanos pequeños cuando mamá o papá están haciendo las tareas de casa, ordenar sus cosas, llegar a casa a la hora acordada, esforzarse para aprobar su carrera universitaria, ir al trabajo con puntualidad, etc.

Aunque nosotros como educadores y padres intentamos que esto de adquirir responsabilidades sea un éxito, muchas veces el intento es fallido porque existen una serie de situaciones diarias que conllevan a NO ser responsables. Llega el momento en que nuestros hij@s y alumn@s tienen que tener un grado de responsabilidad para diferentes facetas de la vida y, por desgracia, no lo hemos conseguido. ¿Por qué pasa esto, si todo lo hemos hecho con la mejor intención posible?

Que nuestros hij@s o alumn@s no sean responsables viene determinado por algunas acciones que nosotros mismos (docentes y familias) hemos ido llevando a cabo y, sin darnos cuenta, afecta al grado de responsabilidad que tiene un niño, tal y como se nos muestra con ironía en el Decálogo para formar a un delincuente. Veamos algunos ejemplos de situaciones que realizamos a diario y que conllevan a no adquirir responsabilidades:

  • Darles excusas que pueden adoptar de inmediato como forma de eludir responsabilidades: “eres muy pequeño para entender eso”, “no habrías podido evitarlo”, “no ha sido culpa tuya, simplemente estabas en el grupo menos adecuado”, “tu maestra no entiende lo sensible que eres”…
  • Poner más atención en quién tiene la culpa en vez de buscar soluciones: “¡Quiero saber quién ha roto este plato!”. “Alguien ha dejado la marca de los dedos en la pared y voy a descubrir quién ha sido”. “¡Nadie verá la televisión hasta que no me digáis quién ha dejado el grifo de la cocina abierto!”.
  • Castigarlos por decir la verdad conlleva a que en el futuro las mentiras y las excusas sean una alternativa mucho más razonable.
  • Usar la frase “no es culpa mía” como parte habitual de tu vocabulario.
  • Darles excusas genéticas. “Eres igual que tu abuelo”. “ A tu madre le costaba mucho leer, así que no es extraño que a ti también te cueste”.
  • Hacerles los deberes porque a ellos les resultan difíciles.
  • Hacer cualquier cosa para evitar una confrontación con ell@s.
  • Dejarlos que gobiernen la casa con sus comportamientos y actitudes incontrolables y no decir nada por temor a tener una escena o por no incomodarlos.
  • No dejarles expresar sus propias opiniones, ni defender sus puntos de vista por ser con ellos demasiado autoritario y rígido.
  • Exigirles que te respeten y ser un padre/madre que los atemoriza.
  • Prohibirles que pregunten el por qué de las cosas, diciéndoles: “Yo soy tu padre y tienes que obedecerme”.
  • Hacer que te pidan permiso para cada cosa que piensen, digan, sientan o hagan.
  • Obligarles a que pidan perdón, cuando en realidad no es lo que quieren.
  • Negarse a escuchar sus sugerencias.
  • No pedirles nunca opinión sobre asuntos del hogar, la familia y el aula. Esto puede incluir compras, decoración, vacaciones, comidas y las decisiones que todos los días tienen que ver con la vida en común con ellos.
  • Ignorar su crecimiento interior. Burlarse de sus sentimientos como la timidez o la ansiedad, o sus intentos de expresar su individualidad. Preferir en cambio que complazcan a los demás, que actúen como ellos y hagan lo que hacen todos.

Estas son algunas de las actitudes con las que convivimos con nuestros hij@s y alumn@s a diario. Y son estas las que no se evitan, sino que se repiten, y no dejan que los hijos adquieran las deseadas responsabilidades. O por otro lado, las fomentamos sin darnos cuenta de forma errónea, creando a niños irresponsables.

Es esencial ser consciente de qué es lo que exactamente les decimos a nuestros hij@s y alumn@s, ya que según lo que les digamos estaremos educando para el futuro o anclándolos en el presente.