¿Cómo demostrar el poder de la sinceridad?

A la única persona que no puedes engañar es a ti mismo. Cualquier situación es buena para mostrar a nuestros [email protected] y [email protected] que la sinceridad les hará crecer personalmente.

¿Sabéis qué sucede cuando nuestros [email protected] y [email protected] captan que valoramos que digan la verdad? ¿Y qué ocurre si en vez de centrarnos tan sólo en el origen del problema nos centramos en buscar soluciones? Que se sienten respetados y notan la confianza que depositamos en ellos llegando a la conclusión que vale la pena ser honesto, ser sincero.

Una vez Tomás, un niño de 14 años de edad, por suerte o por desgracia, aún no había experimentado que significaba la palabra “sinceridad”. En esta etapa Tomás empezaba a salir con la pandilla de amigos, a ir por las calles del pueblo haciendo alguna que otra trastada. Un día, para hacerse el gracioso delante de todos, él y dos amigos más rayaron un coche con una llave.

Pasaron las semanas y un día llamó a casa de Tomás el padre de un amigo por teléfono. Lo cogió él y le dijo que quería hablar con su padre. Tomás llamó a su padre y se quedó a su lado. El padre de su amigo le dijo que les habían denunciado por rayar un coche.

Su padre, sin sofocarse lo más mínimo, le dijo:

  • Espera un momento, voy a preguntárselo a mi hijo que está aquí delante. Tomás, es el padre de tu amigo, dice que os han denunciado por rayar un coche. Están todos los nombres de la pandilla pero quieren saber quien fue de verdad. ¿Tu tienes que ver algo con esto?
  • No papá, yo no he sido. – Fue su contestación-

Su padre tenía tanta confianza en él que le creyó y le dijo al padre de su amigo que lo sentía, pero que él no tenía nada que ver con lo del coche.

Su padre lo comentó durante la cena, que los daños ascendían a 800 € y que lo iban a pagar los que lo habían hecho. ¿Os podéis imaginar cómo se sintió esa noche Tomás? El niño había engañado a su padre, a sus amigos, al dueño del coche, pero no podía engañarse a sí mismo.

A los dos días, el padre de su amigo volvió a llamar a casa. Y su padre se lo volvió a preguntar porque algunos de la pandilla habían dicho que Tomás y dos niños más habían rayado el coche. Durante esos dos días anteriores Tomás se había sentido muy mal, así que le dijo la verdad. El también estaba metido en el lío. Su padre se quedó estupefacto, había confiado en su hijo y éste lo había engañado.

En consecuencia, Tomás se quedó un mes sin llaves de casa, aparte de un par de semanas sin salir con los amigos y pagar entre los tres los 800 € de reparación del coche. Pero lo que realmente ganó de aquella travesura, fue que nunca más en su vida volvió a mentir a su padre.

Con esta historia quiero plasmar que nunca es tarde para demostrar a alguien el poder de la sinceridad. No creáis que esto sólo vale para niños o jóvenes. Los adultos también podemos decidir ser honesto. Siempre hay un momento para decidir serlo, y no hay mejor momento que ahora.