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¿Qué sucede cuando se eliminan los límites del aprendizaje?

Cuando se eliminan los límites del aprendizaje es cuando nos sorprendemos de lo que pueden aprender los alumnos.

Ya sea en la escuela o en el trabajo, he observado diferentes situaciones donde se limita el aprendizaje de las personas, y como ya sabemos, esto conlleva a que en el futuro sean menos productivas. Pasamos por alto una serie de acciones cotidianas que al llevarlas a cabo paralizan y bloquean el desarrollo de cualquier persona. ¿ A qué me estoy refiriendo exactamente?

Una vez, en un colegio pude experimentar de primera mano una situación donde una familia limitó el aprendizaje a su hijo y otra familia hizo volar al suyo. Estábamos trabajando las tablas de multiplicar y a nivel de contenidos de segundo de primaria se debían presentar a los alumnos las tablas de multiplicar hasta la del seis. Nosotros íbamos trabajándolas de una manera muy amena, ya que todos los viernes realizábamos torneos de tablas de multiplicar de forma escrita y oral. Traje medallas y copas que tenía por casa e hicimos en clase nuestro museo de trofeos. Tengo que decir que esto fue un gran aliciente para el alumnado, ya que cada viernes había entrega de trofeos: al más rápido, al que cometía menos fallos, al progreso, etc. Todo esto acompañado de la gran ovación de sus compañeros y el orgullo de mostrar al resto del colegio que trofeos tenían en su aula. Os voy a confesar una cosa, se me fue de las manos. Los niños empezaron a estudiar como nunca lo habían hecho en su vida, no fallaban, todos iban a “tope”, les encantaban las tablas, querían más y más y más. Y cuando esto pasa, hay que aprovecharlo.

Así que nos olvidamos de los contenidos mínimos que marcaba el currículo y nos fuimos a por la tabla del 10 antes de las vacaciones de Pascua. Y aquí vienen las dos posturas diferentes de las familias con las que me encontré:

FAMILIA 1. Me llamó un día una madre desde la puerta.

Ella estaba con su hijo y me dijo:

  • ¿Qué quiere decir esto de tanta tabla de multiplicar? Yo me he informado y solo tienen que aprender hasta la tabla del 6, y ya van por la del 5. Yo no tengo tanto tiempo para estar preguntando cosas a mi hijo que no son necesarias para este curso.

No os podéis imaginar qué cara se me quedó. Mi respuesta fue:

  • A mis alumnos nadie les pone límites para aprender. Así que si usted no quiere preguntarle las tablas a su hijo ya se las preguntaré yo en el recreo. Pero que sepa que la semana que viene vamos a aprender la tabla del seis. Que tenga una buena tarde.

Acto seguido me agaché a la altura del niño y le dije:

  • Nos vemos mañana. Seguro que harás un buen torneo de tablas, no te preocupes.

Esta fue la situación con la que me encontré y con la que cientos de niños se encuentran a diario en sus hogares. Por suerte, los dos juntos, el niño y yo, le demostramos a su madre que no hay que poner límites para aprender si uno tiene ganas y está motivado.

FAMILIA 2. En la misma clase tuve otra situación bien distinta. Cuando llegamos a la tabla del 10, di por zanjado el torneo de tablas y les expliqué que existían más tablas de multiplicar que se podían aprender (la tabla del 11, 12, 13, 14, etc.) pero que no se utilizaban con tanta frecuencia, por lo que íbamos a aprender otras cosas. Y ahí la sorpresa. A la semana de dejar las tablas, me dijo un alumno:

  • Me he estudiado la tabla del 11, ¿la puedo decir a la clase? Da igual cómo, seguida, salteada, como sea.

Le dije:

  • Adelante.

Se la sabía perfecta. A la semana siguiente: “Me he estudiado la tabla del 12, ¿la puedo decir a la clase?” Y a la otra semana la misma cantinela. No os digo más, me tocó estudiar hasta la tabla del 14. Y solo hasta la del 14 porque se acabó el curso. Pero esto no terminó ahí.

Teníamos que premiar a este alumno, yo en primer lugar. Así que hablé con la maestra de sexto de Primaria y le pregunté si podía convencer a su mejor alumno o alumna en Matemáticas para el viernes por la tarde, ya que queríamos organizar un pequeño torneo matemático. Ella aceptó inmediatamente. Como los vaqueros, cara a cara y con el maestro de refuerzo haciendo las preguntas para que todo fuera neutral. El torneo consistía en diversas pruebas, tanto escritas como orales, y todo se decidió en la prueba final. Tres preguntas de tablas al azar, al más rápido, ya que en las pruebas anteriores ninguno de los dos alumnos cometió ningún error. Al final, el alumno de segundo ganó el torneo. Aún recuerdo a todos sus compañeros vitorear su nombre.

Como anécdota en la reunión individual de padres, su padre me dijo a modo de guasa: “¿No te has pasado con los torneos de tablas? Me tocó estudiar con mi hijo hasta la tabla del 14”. Y yo le contesté: “Si te sirve de consuelo, yo también he tenido que estudiarla”. ¡Qué maravilla que los niños sepan que no hay límites!