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el-ejemplo-Un-Libro-bajo-el-brazo

Si actuamos mediante acciones que valen realmente la pena para el aprendizaje de los niñ@s, ell@s simplemente copian, esa copia se convierte en hábito y ese hábito se convierte en poder.

Una vez experimenté en mis propias carnes el poder y la fuerza que tiene el ejemplo para conseguir crear hábitos en un niñ@.

Un día, ejerciendo como maestro, se me ocurrió una idea. Salí a recoger a mis alumnos con un libro debajo del brazo. Y ya sabéis lo que ocurre cuando un niñ@ de 6 o 7 años ve algo inusual en ti, simplemente empieza a bombardearte con preguntas: ¿qué es eso?, ¿por qué llevas un libro debajo del brazo?, ¿qué estás leyendo? Al entrar en clase les conté lo mucho que me habían gustado las páginas que había leído esa mañana y se las expliqué adaptando la historia a su edad para que la entendieran. Les expliqué todos los beneficios que me aportaba leer, y les hice la analogía de que leer para mí significa tener poder.

Al cabo de unos días una alumna vino a la fila para entrar a clase con su libro debajo del brazo. Al instante de entrar en el aula me preguntó si podía contar a sus compañeros lo que había leído la noche anterior. Lógicamente accedí. Tuve la intuición de que la alumna quería parecerse a su maestro. Mi plan estaba funcionando. Ahora bien, ¿qué es lo que pasó por la tarde? Otros dos niños hicieron lo mismo que hizo la niña por la mañana. Vinieron con un libro debajo del brazo con la misma intención que su compañera: entrar en clase y contar lo que habían leído. En pocos días, ya eran más de la mitad de la clase los que venían cada mañana y cada tarde con su libro debajo del brazo. Llegaron al punto de no esperar a entrar en el aula, en el mismo patio ya se contaban, antes de que sonara el timbre de entrada,  lo que habían leído.

¿No lo consideráis hermoso? No era una actividad obligatoria ni mucho menos pero para ellos era divertido, ya que leían lo que querían: libros, artículos, revistas, publicidad, etc, todo lo que caía en sus manos y estuviera adecuado a su edad. ¿Por qué hacían esto? La respuesta es simple, por parecerse a su maestro.

Con esta pequeña historia quiero plasmar la fuerza que tiene el ejemplo. Yo no quise obligarles a leer, sino que leyeran por gusto. Ell@s vieron lo que leer me proporcionaba y mediante el ejemplo quisieron parecerse a mí. Si actuamos mediante acciones que valen realmente la pena para el aprendizaje de los niñ@s, ell@s simplemente copian, esa copia se convierte en hábito y ese hábito se convierte en poder. Creedme, ejemplifica con “buenos hábitos” explicando a tus hij@s qué beneficios obtienen de ellos y lo demás, vendrá por sí solo.