¿Cómo encontrar tu talento?

En algunas ocasiones para encontrar un tesoro se necesita la ayuda de un mapa. Esta historia te mostrará el camino para encontrar el talento que se esconde en tu interior.

En muchos aprendizajes que queremos llevar a cabo no hay mejor forma de entender la parte teórica que mediante el ejemplo. Por ello, voy a describiros como encontré uno de mis talentos.

Debido a que mi padre ocupaba las tardes como monitor deportivo en clases extraescolares en un colegio, ocupación que le hacía feliz, siempre me atrajo el ámbito de la enseñanza. Me gustaba, lo pasaba bien y me sentía en un ambiente muy especial. Por lo que al terminar la educación secundaria dirigí mis estudios a la rama del magisterio. Ya inmerso en el cuerpo docente, trabajar como maestro me apasionaba, era una aventura en la que cada día montaba con mis alumn@s a una montaña rusa diferente, denominada “la montaña rusa de las emociones”.

Pero a mediados del 2014 me fui tres años a Alemania donde cursé una asignatura que no se imparte en las universidades, “el vivir en un país extranjero”, experiencia que te hace crecer como persona.

Para poder sobrevivir mientras me adaptaba hice lo que más a mano tenía que no era otra cosa que utilizar mi idioma como llave para abrir puertas. Una vez familiarizado con mi entorno trabajé en varios sectores. Y con todo ello aprendí una de las cosas más importantes para afrontar la etapa en la que vivimos, aprendí el arte de vender. No confundamos los términos de vender y engañar. Para mi, vender significa poner mis servicios al servicio de los demás. En otras palabras, ayudar a los demás.

Pero no fue hasta los 28 años cuando encontré uno de mis talentos. Durante un tiempo me estuve martirizando día y noche, ¿qué era lo que sabía hacer bien y al mismo tiempo me hacía feliz? Hasta que un día hablando vía Skype con uno de mis mentores, me dio un consejo:

  • Solo hay una forma de encontrar tu talento. Enciérrate en tu habitación y detalla sobre papel todas y cada una de las virtudes y habilidades que posees. Y no salgas de allí hasta que hayas llenado una hoja por delante y por detrás.

Así que seguí su consejo, cogí papel y bolígrafo, y empecé a escribir:

  • A nivel profesional, soy maestro, me encanta transmitir y explicar haciendo fácil lo difícil.
  • En cuanto al ámbito personal, soy muy ambicioso, soñador y curioso.
  • Por hobbies, soy corredor de fondo (perseverancia, regularidad, táctica, etc) y me gusta la lectura (aprendizaje de por vida).
  • Tengo capacidad de adaptación a diferentes horarios, culturas, hogares, etc.
  • Valores y costumbres que conozco de mi mismo: ser puntual, simpático, veraz, agradecido, servicial, etc.

Tras una hora escribiendo mis aptitudes y habilidades tenía que encontrar el punto donde se cruzaban dos flechas. Una flecha era la de mis talentos, es decir, qué cosas sabía hacer muy bien, al mismo tiempo que sentía pasión y felicidad cuando las llevaba a cabo. Así de fácil. La otra flecha era encontrar a quien podía servir respecto con mis conocimientos actuales, mi talento y en concordancia con la sociedad con la que vivimos. Digo esto porque hay que tener clara una premisa: si somos talentosos en cualquier habilidad determinada y ese talento no lo ponemos al servicio de los demás, no estamos aprovechando nuestro talento. ¿Qué quiero decir con esto? Imaginad que el mejor jugador de fútbol del mundo no jugará en ningún equipo. O que el cantante que más discos ha vendido jamás hubiera grabado ninguna canción. O que el pintor más grande de la historia se hubiera dedicado a cocinar, en vez de reflejar su visión del mundo en sus cuadros.

Tras el análisis de la primera flecha, la de mi talento, en mi hoja de anotaciones apareció que era muy bueno transmitiendo, sin importar qué contenido fuera. Si lo había estudiado y dominaba el contenido que deseaba transmitir, podía hacerlo llegar al mayor número posible de personas sin importar su edad. Además, sabía que desde mi profesión conectaba de una forma muy profunda y especial con las familias para transmitirles mis pensamientos y consejos. Daba igual dónde fuera: en reuniones de grupo, en reuniones individuales o en la calle. Me encantaba orientar a las familias. ¿Pero sabéis qué era lo más importante de todo? Que disfrutaba orientando y transmitiendo nuevos idealismos y paradigmas socio-educativos.

Claro que era bueno trabajando en el aula y negociando un precio para vender productos y servicios. También podría haberme acomodado y quedarme sin transmitiros lo que os estoy contando ahora. Pero no quería ser egoísta. Quería poner mi don de transmitir al servicio de los demás, y si fuera posible a la mayor parte de la sociedad.

Ahora bien, muchos saben transmitir como yo, e incluso mucho mejor. Por eso os hablé de la segunda flecha desde la que me hice una nueva pregunta: ¿a qué sector respecto con mis conocimientos actuales, mi talento y en concordancia con la sociedad con la que vivimos puedo servirle? Y la respuesta fue al sector familiar y docente. ¿Por qué? Porque existe una crisis educativa, continuas carencias y adversidades que presenta el proceso socio-educativo actual, además de la existencia de una enorme brecha entre el proceso de enseñanza-aprendizaje que pretende la sociedad educativa y el proceso-actuación que siguen las familias desde sus hogares.

Por lo tanto, tras analizar las dos flechas y el punto donde se cruzaban, lo tenía claro. Había encontrado mi talento y, aún más importante, sabía a quién iba a servir.

Transmitir nuevos idealismos y paradigmas sociales a familias y docentes para poder orientar y enseñar a sus hij@s y alumn@s a ser críticos con cada una de sus acciones. Javier Oliver