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Filosofía

¿Cuál es nuestra realidad educativa?

En la actualidad, escuchamos a diario que estamos en una crisis económica global, continental o estatal. Pero lo que realmente la sociedad pasa por desapercibido es que estamos inmersos en una crisis socio-educativa abarcando muchas etapas, no solo la educación primaria o secundaria. Engloba: civismo, ya que no existe prácticamente el respeto; financiación, diríamos que pocas familias saben administrarse; consciencia, o inconsciencia sobre las consecuencias de las decisiones que se toman a diario; ignorancia, ya que tan solo se visualiza el abismo en ámbitos esenciales de la vida real.

¿Somos conscientes de dónde estamos?

Con este cambio y evolución de la sociedad dejamos atrás la era industrial, con la que tan solo se tenía que adquirir una educación básica para conseguir un puesto de trabajo hasta la jubilación. El discurso familiar que todos hemos oído en casa cuando éramos pequeños era: “estudia, saca buenas notas, busca una carrera universitaria que tenga salida, ve a la universidad y en consecuencia conseguirás un trabajo seguro que te permitirá ganar un buen sueldo cuando seas adulto”. Este camino a seguir es sistemático, global y, en la mayoría de las ocasiones, poco exitoso. Ya no funciona al 100 %. Por supuesto que se tiene que adquirir una educación básica y profesional, pero esta tiene que permitir desarrollar y trabajar con el máximo potencial del individuo.

Hoy en día pertenecemos a la era de la información y las nuevas tecnologías. Pero nosotros vamos más allá, pertenecemos a la era del talentismo. En esta era los padres y maestros, van a tener que preguntar a los niños qué les hace feliz. No nos referimos a ser feliz cuando juego al fútbol, cuando canto en la ducha, o cuando observo los astros. No es eso a lo que nos referimos. Nos referimos a conocerse a uno mismo. Cada alumno debe conocer cuál es su talento, aquella capacidad para entender o para desempeñar algo. Todos tenemos un talento que cuando lo utilizamos nos hace feliz, siendo un error no ponerlo al servicio de los demás.

¿Qué consecuencias tiene vivir en esta nueva era?

Vamos a tener algo muy claro. Se ha terminado la idea de tener un trabajo para toda la vida. Por lo general, nuestros hijos trabajarán durante su vida laboral entre 3 o 6 empresas diferentes.

Tanto en las escuelas como en la vida profesional se ha terminado el trabajar por horas, vamos a trabajar por proyectos. Desde hace años los más pequeños en la etapa de Educación Infantil trabajan de esta forma, pero al pasar a la etapa de Educación Primaria se corta esta tendencia trabajando con libros de textos como único material didáctico. Por suerte, esta visión está cambiando, ya que cada vez son más los docentes que se “suben al carro” de los proyectos.

La misión docente que nosotros proponemos es un línea de trabajo por proyectos en la escuela, desde el primer al último curso. Esta realidad es la que se van a encontrar en el nuevo mundo laboral. En otros países, ya es una realidad total, como es el caso de Alemania donde se trabaja por proyectos de 2 a 5 años con remuneración anual, donde al finalizar se tiene que buscar otro proyecto en lo que cada uno es bueno, es talentoso.

Viene un tsunami, por no decir que ya estamos inmersos en él, en el que nuestros hijos van a verse desbordados si no los preparamos y educamos ahora para que puedan desenvolverse en la nueva sociedad del futuro.

¿Qué ideas fundamentales queremos transmitir?

Se debería trabajar de forma conjunta, siguiendo las sendas de un proceso basado en procedimientos críticos donde no sólo el alumnado, sino también las familias y los docentes, se pregunten el qué, el por qué, el cuándo, el dónde, el cómo… conectar, enseñar, transmitir o aprender.

Igual de importante sería trabajar contenidos y competencias de utilidad para la vida cotidiana, actitudes necesarias para el futuro, que les permitan a los alumnos tener éxito en sus vidas. Competencias como la curiosidad, la creatividad, la capacidad crítica, la comunicación, la colaboración, el civismo, la empatía, el respeto, educación financiera, etc.

Lo que acontece en las últimas décadas en materia de educación no es una crisis, es una globalización. ¿Y cuál es la diferencia? Como bien argumenta Sergio Fernández (emprendedor, conferenciante y formador especializado en desarrollo personal y profesional), es que la crisis desaparece, pero la globalización se queda. Se queda por el simple hecho que los sistemas, procedimientos, idealismos y actitudes educativas se han quedado anticuadas en la actualidad y necesitan de un cambio. No hemos evolucionado. Podríamos compararnos con el campo de la medicina: si un médico de hace 50 años entrara en un quirófano del siglo XXI no sabría operar a sus pacientes. Sin embargo, un maestro de hace 50 años podría dar una clase en una aula actual.

No queremos decir que lo que antaño se utilizaba es “malo”, sino que, partiendo de lo bueno que tenía, se debe adaptar o cambiar dependiendo de la evolución de la sociedad. Es más, diríamos que los nuevos procedimientos-métodos deben ser los que marcan el progreso-cambio de nuestra sociedad.