Gran parte de nuestro sistema socio-educativo está anclado a un modelo tradicional que sigue las mismas rutinas y sigue directrices de la era industrial. ¿Podemos las familias y docentes brindarles a nuestros hij@s y alumn@s las verdaderas enseñanzas de la vida real?

Durante hace años se están llevando a cabo numerosos estudios realizados por expertos, pedagogos, maestros y psicólogos de todo el mundo con la finalidad de encontrar un sistema educativo de calidad, que asegure el futuro de los alumn@s y les permita ser competentes en la sociedad. Pero, ¿Se ha conseguido? ¿Se espera encontrar un sistema educativo competente y que asegure un crecimiento personal, profesional y cívico dentro de la sociedad donde vivimos?

Diferentes y diversas son las valoraciones y opiniones sobre este tema, y por ello, vamos a desmenuzar este complejo contenido y a mostrar las diferentes opciones que podemos fomentar para ser competentes dentro de esta sociedad ya globalizada donde vivimos.

Si analizamos diferentes sistemas educativos que favorecen muy buenos resultados todos tienen un denominador común, la estructuración. Existe una ley educativa aprobada por el gobierno de cada país que persigue la mejora de sus ciudadanos. Una ley educativa marcada por un currículo estructurado con objetivos a conseguir, contenidos a trabajar, competencias clave a adquirir, criterios de evaluación y un sin fin de apartados que hacen que el sistema educativo sea estructurado.

Para que cualquier iniciativa que realicemos llegue a ser beneficiosa y consiga su objetivo, ya sea un proyecto empresarial, un sistema dietético, un sistema médico o un sistema de seguridad, debe estar estructurada de una forma lógica, alcanzable y en concordancia con la situación social con la que se vive. Ahora bien, es cierto que el sistema educativo español está estructurado, ya que existe una ley educativa que marca un currículo, pero no lo está de forma lógica, alcanzable, adecuada a nuestras necesidades y con un objetivo principal de prosperidad a nivel personal, profesional y social. Aunque los políticos, responsables educativos, la administración y demás autoridades persigan esto, la realidad es que fracasan en ello.

Se intenta innovar, utilizar las nuevas tecnologías, usar nuevas herramientas, introducir nuevas metodologías, etc. Pero la realidad es que la mayor parte de nuestro sistema socio-educativo está anclado a un modelo tradicional que siempre sigue las mismas rutinas. ¿Qué ejemplos podemos enumerar?

  • Se preocupa más por las calificaciones que por el progreso. Aunque se intente fomentar el esfuerzo, el sistema premia la calificación, no dejando de ser una mera etiqueta que carece de significado.
  • Propone la noción de anteponer cuánto dinero puedo ganar para mí a cuánto dinero puedo ganar sirviendo a los demás.
  • Tiene como objetivo que los estudiantes consigan empleos bien pagados, en lugar de que los creen o que sean felices trabajando en ellos.
  • Fomenta ascender en la escalera corporativa, en vez de crear escaleras corporativas propias.
  • Promueve la noción de empleo seguro, en lugar del trabajo por proyectos. Por esa razón la mayoría de los empleados vive con miedo de perder su trabajo.
  • No enseña lo suficiente sobre economía, ya sea doméstica o empresarial. En España hay millones de personas que dependen de programas de subsidio y prestaciones por desempleo.
  • Favorece metodologías memorísticas, repetitivas, que no se adecuan a cada uno de sus alumnos y que olvidan totalmente la importancia de la experiencia.
  • Penaliza por cometer errores sin poder aprender de ellos. Si somos realistas, en la vida, de lo que más aprendemos es de nuestros errores. Si en un examen de Educación Primaria haces errores, te suspenden.

En resumen, gran parte del sistema educativo sigue directrices de la era industrial, donde nos crea a todos por igual y donde su objetivo principal es que los alumn@s saquen buenas notas, vayan a la universidad para ser un miembro aprobado por la sociedad, encuentren un trabajo seguro sin importar si les gusta o si les hace feliz y, sobre todo, adquirieran la tranquilidad de que en el futuro “papá estado” cuidará de ellos cuando se jubilen.

Es muy difícil que el sistema escolar admita que no está preparando a los niñ@s y jóvenes para el mundo real, llegando a tal punto que la sociedad española considera el fracaso escolar como algo normal, como si fuera un característica propia de nuestra cultura. Entonces, esta tarea queda en manos de las familias y docentes, teniendo la oportunidad de brindarles a sus hij@s y alumn@s las verdaderas enseñanzas de la vida real.